La Rebelión de los Duendes de 1612

La Rebelión de los Duendes de 1612 es la primera rebelión organizada de estas criaturas en la historia mágica. Aunque ya desde tiempo atrás habían existido tensiones entre duendes y magos debido a las diferencias de cultura entre ambas especies (léase el enfrentamiento entre Godric Gryffindor y Ragnuk el Primero, capítulo XVII), fue en este año en el que se marcó un punto de inflexión entre los conflictos humanos-duendes, dando lugar a un evento especialmente sangriento.

Efectivamente, la Rebelión de 1612 pasó a la historia como una de las más sangrientas y crueles, con numerosas pérdidas en ambos bandos.

Las causas de esta rebelión son ampliamente discutidos por la doctrina. Algunos historiadores de prestigio señalan la falta de representación de duendes en el Wizengamot como origen principal, mientras que otros se remontan al encarcelamiento de Ug el Engañoso por la venta de oro leprechaun. Ahora bien, la mayoría coincide en que el detonante de la rebelión fuera la muerte accidental (no considerada así por la comunidad duende) del empleado de Gringotts Nagnok a manos de un troll de seguridad enviado por el Ministerio de Magia.

En cualquier caso, es cierto que los duendes guardaban rencor a los magos desde varias generaciones atrás. El llamamiento a las armas por parte de sus congéneres provocó una oleada de violencia hacia los magos inaudita hasta el momento. La lenta reacción por parte del bando humano dio lugar a que la arremetida inicial fuese particularmente potente, obligando a la mayoría de brujos a refugiarse en Hogsmeade, donde se organizó la reagrupación y el contraataque hasta dos meses después del inicio del conflicto.

En total, la duración de la Rebelión fue de cinco meses, terminando a finales de otoño de 1612. La amenaza de cancelación de servicios de Gringotts fue una de las bazas más importantes para la cesión a favor de los duendes, alcanzando un acuerdo entre el líder rebelde Brodod el Barbudo y el por aquel entonces Jefe de Consejo de Magos, Balfour Blane. Algunos eruditos apuntan al malestar generado por la tregua como uno de los catalizadores del posterior Veto de Uso de Varitas a Criaturas de 1631.

Extracto: Capítulo XXIII de Historia de la Magia, por Bathilda Bagshot