La Huelga de Gárgolas de 1911 constituye un hecho particular en la historia mágica. Como entes que son a la vez conscientes y creados por la mano del hombre, desde el inicio de su uso en el siglo XVIII pocas veces han disentido —o intervenido siquiera— de la opinión de los magos. Ahora bien, esta situación cambió durante enero de 1911, cuando las gárgolas apostadas en el Centro de Estudios Alquímicos de Londres iniciaron una campaña de protesta por descuido arquitectónico. Según los reportes guardados en los archivos del Ministerio, las gárgolas denunciaban la falta de restauración durante siglos, además de irregulares horarios de limpieza por parte de los empleados del lugar.

La falta de respuesta por parte de las autoridades ministeriales de las quejas recibidas por tales gárgolas —posiblemente ante la falta de precedencia de acción de los seres hasta el momento, aunque se baraja también que fuese tachada de broma por el funcionario encargado de tramitarla— impidió que el incidente quedara en poco más que un evento anecdótico. Más bien, al contrario: durante los siguientes meses, gárgolas de todas las zonas de Reino Unido empezaron a manifestar su descontento con sus condiciones, añadiendo a los apuntes iniciales otras demandas como la instauración de un protocolo de construcción y cuidado de las estatuas en el que se incluían, entre otras, la exigencia de la instauración de puestos de gárgolas conjuntos para evitar los largos períodos de soledad a los que se sometían.

A día de hoy todavía resulta un misterio el método de comunicación que emplearon dichos seres, especialmente por la celeridad de comunicación entre ambos. Hubo durante los años siguientes un período de efervescencia intelectual sobre las desconocidas capacidades de dichos entes, sin que se alcanzara prueba alguna de ellas. Otros autores, más escépticos, señalaron a la posible colaboración de los duendes a la hora de esparcir las noticias.

En cualquier caso, lo cierto es que la acción de las gárgolas fue vista, en principio, como ridícula por la mayor parte de la comunidad mágica. Hasta que los problemas de acceso a lugares custodiados por las estatuas conscientes empezaron a interrumpir todo tipo de actividades, obligando a la apertura de rutas alternativas. Finalmente, después de cerca de cinco meses de huelga y uno de los atascos más eminentes en la Red Flu de la Real Academia Mágica de Encantamientos, los magos accedieron a firmar tregua en las condiciones impuestas por el Comité Unánime de Gárgolas Unidas Contra el Abandono (CUGUCA), en lo que se recuerda como una de las derrotas más humillantes de los magos contra seres de movilidad limitada.

Extracto: Capítulo VII de Grandes Eventos Mágicos del Siglo XX, por Louise Elwood